Los síntomas orientan, pero no confirman por sí solos una carencia
- Primeras señales: cansancio, debilidad, pérdida de apetito, náuseas o vómitos.
- Síntomas musculares: calambres, fasciculaciones, temblores, hormigueo y espasmos.
- Causas frecuentes: diarrea prolongada, diabetes mal controlada, alcoholismo y algunos medicamentos.
- Confirmación: se realiza mediante una analítica, normalmente junto con potasio, calcio y función renal.
- Precaución: en España, la referencia máxima europea para suplementos de magnesio es de 250 mg diarios en adultos, sin contar el magnesio de los alimentos.

Qué síntomas puede provocar una carencia de magnesio
La deficiencia leve puede pasar desapercibida durante bastante tiempo. Cuando aparecen molestias, las primeras suelen ser poco específicas, como fatiga, debilidad, pérdida de apetito, náuseas o vómitos. Por eso no considero fiable atribuir automáticamente cualquier cansancio a una falta de este mineral.
A medida que el déficit se intensifica, pueden aparecer síntomas relacionados con los nervios y los músculos. Los más conocidos son calambres, espasmos, temblores, contracciones involuntarias, hormigueo o entumecimiento. Algunas personas describen también palpitaciones, irritabilidad o una sensación de tensión muscular constante.
| Manifestación | Qué puede indicar | Qué hacer |
|---|---|---|
| Cansancio y debilidad | Es un signo frecuente, pero muy poco específico. | Revisar alimentación, descanso, medicación y otras posibles causas. |
| Calambres y fasciculaciones | Puede existir una alteración de magnesio, calcio o potasio. | Consultar si son repetidos, intensos o aparecen sin un desencadenante claro. |
| Hormigueo o temblores | Puede reflejar irritabilidad neuromuscular. | Solicitar valoración médica si persiste o empeora. |
| Palpitaciones o ritmo irregular | En algunos casos se relaciona con alteraciones de electrolitos. | Buscar atención sanitaria, especialmente si hay mareo, dolor torácico o desmayo. |
Qué causas hacen más probable una deficiencia real
En una persona sana, una dieta temporalmente baja en magnesio no suele provocar un déficit intenso porque los riñones reducen la eliminación del mineral. La sospecha cambia cuando existe una pérdida mantenida, una absorción deficiente o una enfermedad que altera el equilibrio de electrolitos.
Problemas digestivos y pérdidas continuas
La diarrea crónica, los vómitos repetidos, la enfermedad celíaca, la enfermedad de Crohn y otras alteraciones intestinales pueden dificultar la absorción. También es posible perder cantidades relevantes después de ciertas cirugías digestivas o durante procesos que causan mala absorción de nutrientes.
Lee también: Contraindicaciones de Apoxzim y cuándo conviene evitarlo
Medicamentos y enfermedades que conviene revisar
Los diuréticos como la furosemida y algunos diuréticos tiazídicos pueden aumentar la eliminación de magnesio por la orina. El uso prolongado de inhibidores de la bomba de protones, como omeprazol o esomeprazol, se ha relacionado en algunos pacientes con niveles bajos, sobre todo cuando existen otros factores de riesgo.
También merecen atención la diabetes mal controlada, el consumo crónico de alcohol, algunas enfermedades renales y ciertos tratamientos oncológicos o inmunosupresores. Mi recomendación práctica es revisar siempre la lista completa de medicamentos antes de empezar a suplementar, porque corregir el mineral sin abordar la causa puede ofrecer un alivio incompleto.
Cómo se comprueba si realmente falta magnesio
Los síntomas por sí solos no permiten diagnosticar una carencia. La prueba habitual es una medición de magnesio en sangre, aunque el resultado debe interpretarse junto con la historia clínica y otros parámetros.
Como referencia clínica, suele considerarse bajo un valor inferior a 1,8 mg/dl, equivalente a 0,70 mmol/l. Una concentración por debajo de 1,25 mg/dl puede indicar una deficiencia grave, especialmente si existen síntomas. Los rangos pueden variar ligeramente según el laboratorio.
La analítica no siempre refleja con exactitud las reservas totales del organismo, ya que la mayor parte del magnesio se encuentra en los huesos y tejidos, no en la sangre. Por eso el profesional puede solicitar también potasio, calcio, función renal, glucosa y, en algunos casos, magnesio urinario.
Hay una pista especialmente útil: un potasio bajo que no mejora como se esperaba o un calcio reducido pueden estar relacionados con una alteración del magnesio. No significa que exista una única causa, pero sí que conviene investigar el conjunto en lugar de tomar varios suplementos al azar.
Qué hacer con la alimentación y los suplementos
Antes de pensar en cápsulas, yo revisaría la presencia habitual de alimentos ricos en magnesio. Las opciones más prácticas son frutos secos, semillas, legumbres, cereales integrales, verduras de hoja verde y cacao puro. Una alimentación variada suele ser suficiente para cubrir las necesidades de muchas personas.
| Fuente alimentaria | Cómo incorporarla | Por qué resulta útil |
|---|---|---|
| Almendras y otros frutos secos | Un puñado al día, sin exceso de sal. | Son fáciles de añadir a desayunos, ensaladas o yogures. |
| Lentejas, garbanzos y alubias | Varias raciones semanales. | Aportan magnesio junto con fibra y proteína vegetal. |
| Semillas de calabaza o sésamo | Espolvoreadas sobre cremas, ensaladas o tostadas. | Permiten aumentar la ingesta en pequeñas cantidades. |
| Espinacas y otras hojas verdes | Frescas, salteadas o incorporadas a guisos. | Encajan bien en una dieta mediterránea y aportan otros micronutrientes. |
En la Unión Europea, el valor de referencia para adultos es de 375 mg de magnesio al día procedente de todas las fuentes. No es una dosis que todo el mundo deba tomar en forma de suplemento. Para los complementos y medicamentos, la referencia de seguridad de EFSA es de 250 mg diarios de magnesio suplementario en adultos, salvo indicación médica.
En la etiqueta hay que fijarse en la cantidad de magnesio elemental, no solo en el peso total del compuesto. El citrato, el lactato y el cloruro suelen absorberse mejor que el óxido, aunque también pueden provocar heces blandas o diarrea. El bisglicinato se tolera bien en algunas personas, pero no convierte automáticamente un suplemento en necesario.
El magnesio puede reducir la absorción de algunos antibióticos y de los bifosfonatos orales. En determinados antibióticos se recomienda dejar al menos 2 horas antes o entre 4 y 6 horas después del suplemento. Quien tenga enfermedad renal, esté embarazada, tome varios fármacos o use laxantes con magnesio debería consultarlo previamente con un profesional sanitario.Cuándo deja de ser un asunto para observar en casa
Busca atención médica con rapidez si aparecen convulsiones, desmayos, confusión, dificultad para respirar, debilidad intensa o palpitaciones persistentes. También conviene consultar pronto cuando hay vómitos o diarrea continuos, una enfermedad renal conocida o síntomas después de iniciar un medicamento nuevo.
La diarrea tras tomar magnesio suele indicar que la dosis o la forma elegida no se tolera bien. No es una señal de que el producto esté “limpiando” el organismo. Reducir la dosis, cambiar la formulación o suspenderla puede ser más sensato, pero si existía una deficiencia confirmada, el ajuste debe hacerse con orientación profesional.
La pista que conviene llevar a la consulta
Anotar durante unos días los calambres, temblores, episodios digestivos, medicamentos y suplementos ayuda más que describir simplemente “me falta magnesio”. Esa información permite valorar cuándo empezaron los síntomas y qué factores pueden estar provocándolos.
Mi criterio es sencillo: primero confirmar o valorar la causa, después mejorar la alimentación y solo entonces elegir un suplemento si hace falta. Los síntomas de una carencia pueden ser reales, pero también pueden apuntar a un problema de potasio, calcio, tiroides, anemia, sueño o medicación que necesita otro enfoque.
